Hasta el día en el que en la mente del artista se concibió la fisonomía de la escultura, que hoy es tema de debate en los valles, nadie en la historia tuvo la osadía de representar lo irrepresentable, y eso denota una irresponsabilidad, ofensa y falta de respeto inconmensurable hacia lo que tampoco tiene descripción, pero que nosotros le llamamos: PACHAMAMA; sin siquiera haber medido la relevancia de semejante autodeterminación, tanto del artista como de los promotores de esa idea y, quien sabe a cambio de unos cuantos miles de pesos y sólo por el hecho de que en otros pueblos el promotor veía en la entrada esculturas que eran lindas, se jugó asi de esa manera, perdone usted mamita pachamama.
Primero la deslegitimación de la escultura por parte de los santamarianos. Segundo: la humildad de no sentirnos hijos predilectos de la Pachamama y por ende directamente no representados por ella; no es nuestra, es de todos. Tercero: ¿Qué o Quién nos representa? ¿Un arado y un agricultor? ¿Un minero con el pico, un mineraloducto...?
En definitiva lo que se quiere denotar con un icono en la entrada de una ciudad es la identidad del pueblo.
Hoy los santamarianos estamos ingresando en el camino hacia el descubrimiento de nuestra identidad que tímidamente intenta ser representada con un arado y un agricultor como propuso reconocido artista santamariano y primera voz en plantear el debate sobre la escultura del ingreso a la ciudad. Resulta entonces que si seguimos la línea pensamiento del arado y el agricultor como icono de nuestra identidad se advierte que es el sistema productivo predominante (agricultura) de Santa Maria lo que nos identifica; bien podría ser tambien la minería como sistema productivo que predominará en el futuro. Sin embargo, a nuestra identidad no debemos buscarla en el sistema productivo predominante de Santa Maria, sino en lo históricamente nos identificó ante los demás y nunca le dimos la relevancia que se merece y la pregunta es ¿Qué somos? NUESTROS EXTERMINADOS ABORÍGENES DIAGUITAS-CALCHAQUÍ, ésa es nuestra identidad, ésa es nuestra cultura; cómo negar y descuidar increíblemente el patrimonio arqueológico que tenemos en nuestras narices, esta tierra fue de ellos y ahora nosotros estamos aquí, porqué herirla de muerte negándola. Somos Aborígenes, somos Diaguitas-Calchaquí. Y propongo como símbolo de identidad al máximo ser de los valles, al Cacique Juan Calchaquí “Señor de las Comarcas” por personificar la lucha por la libertad, junto a sus hijos, con la bravura arrancada de las montañas, la impetuosidad heredada de los vientos y el coraje sacado de la Pachamama, resguardando la tierra en la que hoy vivimos y tenemos que volver a defender del invasor como ellos lo hicieron.
Primero la deslegitimación de la escultura por parte de los santamarianos. Segundo: la humildad de no sentirnos hijos predilectos de la Pachamama y por ende directamente no representados por ella; no es nuestra, es de todos. Tercero: ¿Qué o Quién nos representa? ¿Un arado y un agricultor? ¿Un minero con el pico, un mineraloducto...?
En definitiva lo que se quiere denotar con un icono en la entrada de una ciudad es la identidad del pueblo.
Hoy los santamarianos estamos ingresando en el camino hacia el descubrimiento de nuestra identidad que tímidamente intenta ser representada con un arado y un agricultor como propuso reconocido artista santamariano y primera voz en plantear el debate sobre la escultura del ingreso a la ciudad. Resulta entonces que si seguimos la línea pensamiento del arado y el agricultor como icono de nuestra identidad se advierte que es el sistema productivo predominante (agricultura) de Santa Maria lo que nos identifica; bien podría ser tambien la minería como sistema productivo que predominará en el futuro. Sin embargo, a nuestra identidad no debemos buscarla en el sistema productivo predominante de Santa Maria, sino en lo históricamente nos identificó ante los demás y nunca le dimos la relevancia que se merece y la pregunta es ¿Qué somos? NUESTROS EXTERMINADOS ABORÍGENES DIAGUITAS-CALCHAQUÍ, ésa es nuestra identidad, ésa es nuestra cultura; cómo negar y descuidar increíblemente el patrimonio arqueológico que tenemos en nuestras narices, esta tierra fue de ellos y ahora nosotros estamos aquí, porqué herirla de muerte negándola. Somos Aborígenes, somos Diaguitas-Calchaquí. Y propongo como símbolo de identidad al máximo ser de los valles, al Cacique Juan Calchaquí “Señor de las Comarcas” por personificar la lucha por la libertad, junto a sus hijos, con la bravura arrancada de las montañas, la impetuosidad heredada de los vientos y el coraje sacado de la Pachamama, resguardando la tierra en la que hoy vivimos y tenemos que volver a defender del invasor como ellos lo hicieron.





